martes, 17 de septiembre de 2013

LAS ABEJAS Y LAS EXTERNALIDADES ECONÓMICAS. ¿QUIEN AFECTA A QUIEN?


Cuando en la década de los 90 era estudiante de economía de la Universidad del Valle, tuve mi primer acercamiento al concepto de externalidad, definido como los costos sociales y ambientales que las empresas o el productor no integran como parte de su estructura de costos. Como hay externalidades positivas y negativas, el profesor hacía uso de un ejemplo, que con el tiempo me di cuenta que era el tradicional. Imagínense -decía el profe- que hay un apicultor con cajas de abejas en su predio, y a muchos kilómetros hay un cultivo de flores. El apicultor libera sus abejas diariamente para que liben el néctar de las flores y puedan entonces darle una miel de buena calidad. Estas abejas vuelan hasta el cultivo de flores mencionado y le generan externalidades positivas al floricultor al permitirle la polinización. Si bien son necesarias las abejas para este proceso, el apicultor no puede cobrarle por los beneficios generados, de la misma forma que el floricultor no le cobra al apicultor el alimento dado a las abejas… y quedaba claro para la clase.
Años después, me gradué y seguí trabajando en temas ambientales, sin pensar que este ejemplo estaba en riesgo por las externalidades negativas que las actividades productivas están causando a las abejas, y directamente al hombre, pues un gran porcentaje de los cultivos dependen de su acción polinizadora. Los pesticidas, la energía eólica, la urbanización y las semillas transgénicas, ponen en riesgo la producción de numerosos alimentos, y reducen la población de estos insectos.
La economía le ha apostado al enfoque antropocéntrico como la vía para el análisis de los fenómenos que están asociados con la producción, pero dependemos también de la vida y de la estabilidad de la población de otros seres vivos, tal como lo muestran las abejas. El biocentrismo es una corriente que desde la década del 70 le apuesta a resaltar la importancia de las elecciones de los seres humanos pensando en los otros. Creo que es momento de aplicar las nuevas propuestas, enfocadas en la equidad, la sostenibilidad y en la misma supervivencia.

Quiero seguir explicando a mis estudiantes el concepto de externalidad con las abejas, resaltando que de estos pequeños animales depende nuestro sustento.

martes, 6 de agosto de 2013

EL ECOTIP SENSUAL

Últimamente, como parte del proceso de construcción de mi libro, me he dado a la tarea de revisar los tips ambientales o ecológicos que aparecen en la red. Luego de horas sentada frente a mi portátil puedo resumir lo que encontré así:

  • La mayoría de los mensajes están enfocados al uso del agua y al reciclaje.
  • Muchos son copias de otros, sin omitir una letra, pero sin citar las fuentes.
  • Algunos de ellos dan la sensación de que no han sido probados, son más una propuesta de lo que podría hacerse y sonar bien.
  • Muchos de ellos dicen lo mismo de diferente forma, especialmente citando mi primer ejemplo, el agua y el reciclaje.
Siendo prácticos, creo que hemos fallado con los mensajes ambientales en muchas cosas, la más importante es que se han convertido en frases repetidas que carecen de corazón, de vibra. Por eso, no es extraño escuchar que se repiten los mismos temas en eventos y proyectos en los que se insertan frases invitando a ser más verdes que no salen de lo mismo. ¡Qué aburrido!

El reto entonces es explorar otras formas de incitar a los demás a cambiar su estilo de vida, otras formas de invitarlos a ser verdes, a ser diferentes. La pregunta es ¿cómo? Mis propuestas son sencillas.

  1. Sea sencillo: Hablamos con palabras que todos conocemos, pero en el momento de hacer un mensaje nos buscamos que suene bonito. Usemos lenguaje diario pero preciso.
  2. Haga del buen humor su aliado: Utilice imágenes y ejemplos que le den fuerza a su mensaje ambiental, o a su tip. 
  3. Hable de lo que ya aplicó. De otra forma no tendrá credibilidad entre sus amigos.
  4. Actúe como un ciudadano ejemplar.
Espero leer sus ecotips.

Éxitos.

domingo, 17 de febrero de 2013

UNA MIRADA A LA LABOR DE LA MUJER DESDE LA ECONOMÍA


En Colombia las mujeres constituyen el 52 % de la población (54% en zona urbana y 49% en zona rural) (FAO, 2005). Según las proyecciones del Ministerio de Agricultura, la población rural colombiana tiende a disminuir año a año[1], por eso la participación de las mujeres en la economía debe mirarse teniendo en cuenta el fenómeno migratorio hacia las ciudades más cercanas, que en el caso de este escrito se limita al territorio del Valle del Cauca y el pacífico.

En las cifras de empleo recopiladas y publicadas por el Departamento Nacional de Estadística – DANE (2006), las mujeres forman parte del 43.6% de la Población Económicamente Activa (PEA) del país, de las cuales más del 50% se califican como PEA inactiva[2], lo que indica el poco reconocimiento de sus actividades como labores remunerables, a pesar de su aporte a la economía regional a partir del aprovechamiento de los recursos naturales disponibles en la zona donde habita.

Según Aguilar (2007), las mujeres de la zona rural, proveen en promedio casi el 80% de la comida vegetal silvestre recolectada en 135 sociedades de subsistencia, lo cual indica su importancia para la producción de alimentos[3]. Aunque la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo ha aumentado en forma sostenida en todo el mundo, se han acentuado las desigualdades fundadas en el género en cuanto a la remuneración y las condiciones de trabajo, lo anterior sin desprenderse de sus roles, los cuales les implican más actividad sin reconocimiento[4].

En el caso del pacífico colombiano, situación revisada a través de los escritos de Motta (2003), la mujer indígena, campesina y negra, a pesar de sus obligaciones y su manejo más amable del entorno y la naturaleza, también sufre las desigualdades en términos laborales. Esta situación no se diferencia significativamente de la tendencia mundial, donde en muchos países los hombres asumen la función de negociantes y comerciantes de los productos elaborados y obtenidos con la participación de la mujer aportante de fuerza laboral y dedicación en igualdad de condiciones ratificando la existencia de subordinación de género [5].

Sorprende leer en documentos consultados que registran la participación de las mujeres en la actividad productiva, aprovechando los conocimientos especializados sobre diferentes especies y sus diferentes usos (medicinales, como herramientas, culinaria, aseo, combustible, vivienda) que se reflejan en las actividades propias de la producción y que se esperaría se convirtieran en mejores condiciones para ella y su núcleo familiar. Pero estos resultados se pueden lograr únicamente cuando se consiga entre las comunidades rurales el reconocimiento de los aportes de la mujer, como parte de sus derechos.

Con base en lo planteado por Motta, en su artículo “por el monte y los esteros”, se lee que el género femenino “aún no ha incursionado en la política ambiental”, sin embargo elementos como el arraigo cultural, las tradiciones y la identidad de sus pueblos son tomados como herramientas para la modificación del ambiente de forma sustentable, garantizando el sustento propio y de sus familias. No se cuenta en Colombia con investigaciones que indiquen a la fecha el aporte femenino a la creación del Producto Interno Bruto (PIB) del denominado sector primario, lo cual nos permite concluir que si bien la importancia de la mujer en la producción ha sido cualificada en numerosos documentos, falta aun camino para cuantificar su aporte a la formación de capital y riqueza, para que a partir de allí se generen herramientas institucionales para multiplicar a lo largo del territorio las experiencias positivas en el aprovechamiento de los recursos naturales y alcanzar los niveles de bienestar que los tecnócratas promueven.


ÁNGELA MARÍA SALAZAR MANCIPE



[1] De 1973 a 1993, la población colombiana que residía en el área rural disminuyo de 41% a 31%. En Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres, Ministerio de Agricultura, “Mujeres Rurales en Cifras”, 1.997.
[2] En: Encuesta Nacional de Demografía y Salud Profamilia. 2000
[3] www.ecodes.org/pages/especial/mujeres_ma/lorena_aguilar.asp. Entrevista a  Lorena Aguilar, Asesora Senior en Género de la UICN. 2007.
[4] www.un.org/spanish/conferences/Beijing/fs6.htm
[5] Llama la atención la situación de las mujeres en Pakistán, donde ellas dependen  de los hombres para vender su producción agrícola. Ellos son su vínculo con el mercado, considerado un espacio público. En Aguilar, 2007.

jueves, 7 de febrero de 2013

GREEN TALENT. UNA HERRAMIENTA PARA RELACIONARNOS MEJOR CON EL PLANETA


Ángela María Salazar Mancipe.
angela.salazar@greencitizen.net

Para las empresas, sin diferenciar el tamaño, uno de los mayores capitales es el talento humano. El conocimiento, la experiencia, las habilidades desarrolladas de nuestro personal, hacen de nuestra compañía una organización sólida.
Con el desarrollo de la normatividad ambiental y la exigencia de nuestros clientes sobre el cumplimiento de estándares de calidad, ese talento humano se hace más particular, y acondiciona los requisitos para su desempeño dentro de la empresa, insertando profesionales con títulos en áreas ambientales. Es así como en el caso de las grandes empresas los departamentos ambientales o de gestión humana incluyen especialistas con responsabilidades cada vez más específicas.
Sin importar el tamaño, abordar los temas ambientales dentro de las empresas implica cambiar los patrones de conducta en todos los niveles. Por fortuna este cambio, que en la mayoría de los casos se encuentra bajo la responsabilidad del Departamento de Recursos Humanos, puede lograrse si aceptamos que lo más importante es conformar, en primer lugar, una nueva fuerza laboral. Todo el equipo humano deberá entender que se está apostando por un modelo que sea “Transformador, Eficiente y Sostenible”. Pero, ¿cómo lograrlo?
En primer lugar, debemos iniciar el proceso de formación de talentos nuevos, talentos verdes. Donde los requisitos de selección se ajusten para que los conocimientos y habilidades ambientales sean valorados, apoyando a los nuevos jóvenes en el proceso de lograr posiciones en las que sus iniciativas sean parte la transformación.
Con relación al equipo humano que labora, es necesario pasar de lo administrativo a la educación o formación permanente, utilizando las nuevas tecnologías, los sistemas de información internos, y la aplicación de herramientas educativas atractivas y que inciten no solo a aprender, sino a asumir compromisos. Un ejemplo en el caso del personal de planta, es que podemos utilizar los medios de comunicación interna que permitan saber, a través de calculadoras de ahorro (energía, agua, emisiones de CO2), cómo se encuentra con relación a la situación ambiental ideal, como individuo y como elemento importante para el logro de las metas de la empresa.
La formación no solo debe estar enfocada a realizar lo que tradicionalmente se conoce como contenido ambiental, es decir, indicar cómo se recicla, cómo manejar los residuos sólidos o la energía. Debe comprender también todo el proceso de formación en la preparación frente a desastres, es decir, debemos enseñarle a nuestro personal “cómo protegerse a sí mismo, para luego proteger y cuidar a los demás”. Debemos aprender a proteger nuestra información, hacer simulaciones, prepararnos constantemente, para que en el momento que surja la crisis perdamos lo mínimo posible, pero ganemos la oportunidad de poder aprovechar ese momento para incrementar las ventas. Lo más importante es mantenerse a flote.
Debemos despertar en nuestras empresas la curiosidad, la novedad, los incentivos, las habilidades verdes, para hacer del talento verde nuestro mayor potencial. Así podremos crecer y fortalecernos con la seguridad que da el contar con la variable ambiental en todas nuestras decisiones.
Lograrlo solo requiere apoyo y un empujón.