Ángela
María Salazar Mancipe.
angela.salazar@greencitizen.net
Para las empresas, sin diferenciar el tamaño, uno de los mayores
capitales es el talento humano. El conocimiento, la experiencia, las
habilidades desarrolladas de nuestro personal, hacen de nuestra compañía una
organización sólida.
Con el desarrollo de la normatividad ambiental y la exigencia de nuestros
clientes sobre el cumplimiento de estándares de calidad, ese talento humano se
hace más particular, y acondiciona los requisitos para su desempeño dentro de
la empresa, insertando profesionales con títulos en áreas ambientales. Es así
como en el caso de las grandes empresas los departamentos ambientales o de
gestión humana incluyen especialistas con responsabilidades cada vez más específicas.
Sin importar el tamaño, abordar los temas ambientales dentro de las
empresas implica cambiar los patrones de conducta en todos los niveles. Por
fortuna este cambio, que en la mayoría de los casos se encuentra bajo la
responsabilidad del Departamento de Recursos Humanos, puede lograrse si
aceptamos que lo más importante es conformar, en primer lugar, una nueva fuerza
laboral. Todo el equipo humano deberá entender que se está apostando por un
modelo que sea “Transformador, Eficiente y Sostenible”. Pero, ¿cómo lograrlo?
En primer lugar, debemos iniciar el proceso de formación de talentos
nuevos, talentos verdes. Donde los
requisitos de selección se ajusten para que los conocimientos y habilidades
ambientales sean valorados, apoyando a los nuevos jóvenes en el proceso de
lograr posiciones en las que sus iniciativas sean parte la transformación.
Con relación al equipo humano que labora, es necesario pasar de lo
administrativo a la educación o formación permanente, utilizando las nuevas
tecnologías, los sistemas de información internos, y la aplicación de
herramientas educativas atractivas y que inciten no solo a aprender, sino a
asumir compromisos. Un ejemplo en el caso del personal de planta, es que podemos
utilizar los medios de comunicación interna que permitan saber, a través de
calculadoras de ahorro (energía, agua, emisiones de CO2), cómo se encuentra
con relación a la situación ambiental ideal, como individuo y como elemento
importante para el logro de las metas de la empresa.
La formación no solo debe estar enfocada a realizar lo que
tradicionalmente se conoce como contenido ambiental, es decir, indicar cómo se
recicla, cómo manejar los residuos sólidos o la energía. Debe comprender
también todo el proceso de formación en la preparación frente a desastres, es
decir, debemos enseñarle a nuestro personal “cómo protegerse a sí mismo, para
luego proteger y cuidar a los demás”. Debemos aprender a proteger nuestra
información, hacer simulaciones, prepararnos constantemente, para que en el
momento que surja la crisis perdamos lo mínimo posible, pero ganemos la
oportunidad de poder aprovechar ese momento para incrementar las ventas. Lo más
importante es mantenerse a flote.
Debemos despertar en nuestras empresas la curiosidad, la novedad, los
incentivos, las habilidades verdes, para hacer del talento verde nuestro mayor
potencial. Así podremos crecer y fortalecernos con la seguridad que da el contar
con la variable ambiental en todas nuestras decisiones.
Lograrlo solo requiere apoyo y un empujón.
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