domingo, 17 de febrero de 2013

UNA MIRADA A LA LABOR DE LA MUJER DESDE LA ECONOMÍA


En Colombia las mujeres constituyen el 52 % de la población (54% en zona urbana y 49% en zona rural) (FAO, 2005). Según las proyecciones del Ministerio de Agricultura, la población rural colombiana tiende a disminuir año a año[1], por eso la participación de las mujeres en la economía debe mirarse teniendo en cuenta el fenómeno migratorio hacia las ciudades más cercanas, que en el caso de este escrito se limita al territorio del Valle del Cauca y el pacífico.

En las cifras de empleo recopiladas y publicadas por el Departamento Nacional de Estadística – DANE (2006), las mujeres forman parte del 43.6% de la Población Económicamente Activa (PEA) del país, de las cuales más del 50% se califican como PEA inactiva[2], lo que indica el poco reconocimiento de sus actividades como labores remunerables, a pesar de su aporte a la economía regional a partir del aprovechamiento de los recursos naturales disponibles en la zona donde habita.

Según Aguilar (2007), las mujeres de la zona rural, proveen en promedio casi el 80% de la comida vegetal silvestre recolectada en 135 sociedades de subsistencia, lo cual indica su importancia para la producción de alimentos[3]. Aunque la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo ha aumentado en forma sostenida en todo el mundo, se han acentuado las desigualdades fundadas en el género en cuanto a la remuneración y las condiciones de trabajo, lo anterior sin desprenderse de sus roles, los cuales les implican más actividad sin reconocimiento[4].

En el caso del pacífico colombiano, situación revisada a través de los escritos de Motta (2003), la mujer indígena, campesina y negra, a pesar de sus obligaciones y su manejo más amable del entorno y la naturaleza, también sufre las desigualdades en términos laborales. Esta situación no se diferencia significativamente de la tendencia mundial, donde en muchos países los hombres asumen la función de negociantes y comerciantes de los productos elaborados y obtenidos con la participación de la mujer aportante de fuerza laboral y dedicación en igualdad de condiciones ratificando la existencia de subordinación de género [5].

Sorprende leer en documentos consultados que registran la participación de las mujeres en la actividad productiva, aprovechando los conocimientos especializados sobre diferentes especies y sus diferentes usos (medicinales, como herramientas, culinaria, aseo, combustible, vivienda) que se reflejan en las actividades propias de la producción y que se esperaría se convirtieran en mejores condiciones para ella y su núcleo familiar. Pero estos resultados se pueden lograr únicamente cuando se consiga entre las comunidades rurales el reconocimiento de los aportes de la mujer, como parte de sus derechos.

Con base en lo planteado por Motta, en su artículo “por el monte y los esteros”, se lee que el género femenino “aún no ha incursionado en la política ambiental”, sin embargo elementos como el arraigo cultural, las tradiciones y la identidad de sus pueblos son tomados como herramientas para la modificación del ambiente de forma sustentable, garantizando el sustento propio y de sus familias. No se cuenta en Colombia con investigaciones que indiquen a la fecha el aporte femenino a la creación del Producto Interno Bruto (PIB) del denominado sector primario, lo cual nos permite concluir que si bien la importancia de la mujer en la producción ha sido cualificada en numerosos documentos, falta aun camino para cuantificar su aporte a la formación de capital y riqueza, para que a partir de allí se generen herramientas institucionales para multiplicar a lo largo del territorio las experiencias positivas en el aprovechamiento de los recursos naturales y alcanzar los niveles de bienestar que los tecnócratas promueven.


ÁNGELA MARÍA SALAZAR MANCIPE



[1] De 1973 a 1993, la población colombiana que residía en el área rural disminuyo de 41% a 31%. En Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres, Ministerio de Agricultura, “Mujeres Rurales en Cifras”, 1.997.
[2] En: Encuesta Nacional de Demografía y Salud Profamilia. 2000
[3] www.ecodes.org/pages/especial/mujeres_ma/lorena_aguilar.asp. Entrevista a  Lorena Aguilar, Asesora Senior en Género de la UICN. 2007.
[4] www.un.org/spanish/conferences/Beijing/fs6.htm
[5] Llama la atención la situación de las mujeres en Pakistán, donde ellas dependen  de los hombres para vender su producción agrícola. Ellos son su vínculo con el mercado, considerado un espacio público. En Aguilar, 2007.

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