Cuando en la década
de los 90 era estudiante de economía de la Universidad del Valle, tuve mi
primer acercamiento al concepto de externalidad, definido como los costos
sociales y ambientales que las empresas o el productor no integran como parte
de su estructura de costos. Como hay externalidades positivas y negativas, el
profesor hacía uso de un ejemplo, que con el tiempo me di cuenta que era el
tradicional. Imagínense -decía el profe- que hay un apicultor con cajas de
abejas en su predio, y a muchos kilómetros hay un cultivo de flores. El
apicultor libera sus abejas diariamente para que liben el néctar de las flores
y puedan entonces darle una miel de buena calidad. Estas abejas vuelan hasta el
cultivo de flores mencionado y le generan externalidades positivas al
floricultor al permitirle la polinización. Si bien son necesarias las abejas
para este proceso, el apicultor no puede cobrarle por los beneficios generados,
de la misma forma que el floricultor no le cobra al apicultor el alimento dado
a las abejas… y quedaba claro para la clase.
Años después, me
gradué y seguí trabajando en temas ambientales, sin pensar que este ejemplo
estaba en riesgo por las externalidades negativas que las actividades productivas
están causando a las abejas, y directamente al hombre, pues un gran porcentaje
de los cultivos dependen de su acción polinizadora. Los pesticidas, la energía
eólica, la urbanización y las semillas transgénicas, ponen en riesgo la producción
de numerosos alimentos, y reducen la población de estos insectos.
La economía le ha
apostado al enfoque antropocéntrico como la vía para el análisis de los
fenómenos que están asociados con la producción, pero dependemos también de la
vida y de la estabilidad de la población de otros seres vivos, tal como lo
muestran las abejas. El biocentrismo es una corriente que desde la década del
70 le apuesta a resaltar la importancia de las elecciones de los seres humanos
pensando en los otros. Creo que es momento de aplicar las nuevas propuestas,
enfocadas en la equidad, la sostenibilidad y en la misma supervivencia.
Quiero seguir
explicando a mis estudiantes el concepto de externalidad con las abejas,
resaltando que de estos pequeños animales depende nuestro sustento.
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