En Colombia las mujeres constituyen el 52 % de la
población (54% en zona urbana y 49% en zona rural) (FAO, 2005). Según las
proyecciones del Ministerio de Agricultura, la población rural colombiana
tiende a disminuir año a año[1],
por eso la participación de las mujeres en la economía debe mirarse teniendo en
cuenta el fenómeno migratorio hacia las ciudades más cercanas, que en el caso
de este escrito se limita al territorio del Valle del Cauca y el pacífico.
En las cifras de empleo recopiladas y publicadas por el
Departamento Nacional de Estadística – DANE (2006), las mujeres forman parte
del 43.6% de la Población Económicamente Activa (PEA) del país, de las cuales
más del 50% se califican como PEA inactiva[2],
lo que indica el poco reconocimiento de sus actividades como labores
remunerables, a pesar de su aporte a la economía regional a partir del
aprovechamiento de los recursos naturales disponibles en la zona donde habita.
Según Aguilar (2007), las mujeres de la zona rural,
proveen en promedio casi el 80% de la comida vegetal silvestre recolectada en
135 sociedades de subsistencia, lo cual indica su importancia para la
producción de alimentos[3]. Aunque
la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo ha aumentado en forma
sostenida en todo el mundo, se han acentuado las desigualdades fundadas en el
género en cuanto a la remuneración y las condiciones de trabajo, lo anterior
sin desprenderse de sus roles, los cuales les implican más actividad sin
reconocimiento[4].
En el caso del pacífico colombiano, situación revisada a
través de los escritos de Motta (2003), la mujer indígena, campesina y negra, a
pesar de sus obligaciones y su manejo más amable del entorno y la naturaleza,
también sufre las desigualdades en términos laborales. Esta situación no se
diferencia significativamente de la tendencia mundial, donde en muchos países
los hombres asumen la función de negociantes y comerciantes de los productos
elaborados y obtenidos con la participación de la mujer aportante de fuerza
laboral y dedicación en igualdad de condiciones ratificando la existencia de
subordinación de género [5].
Sorprende leer en documentos consultados que registran la
participación de las mujeres en la actividad productiva, aprovechando los
conocimientos especializados sobre diferentes especies y sus diferentes usos
(medicinales, como herramientas, culinaria, aseo, combustible, vivienda) que se
reflejan en las actividades propias de la producción y que se esperaría se
convirtieran en mejores condiciones para ella y su núcleo familiar. Pero estos
resultados se pueden lograr únicamente cuando se consiga entre las comunidades
rurales el reconocimiento de los aportes de la mujer, como parte de sus
derechos.
Con base en lo planteado por Motta, en su artículo “por
el monte y los esteros”, se lee que el género femenino “aún no ha incursionado
en la política ambiental”, sin embargo elementos como el arraigo cultural, las
tradiciones y la identidad de sus pueblos son tomados como herramientas para la
modificación del ambiente de forma sustentable, garantizando el sustento propio
y de sus familias. No se cuenta en Colombia con investigaciones que indiquen a
la fecha el aporte femenino a la creación del Producto Interno Bruto (PIB) del
denominado sector primario, lo cual nos permite concluir que si bien la
importancia de la mujer en la producción ha sido cualificada en numerosos
documentos, falta aun camino para cuantificar su aporte a la formación de
capital y riqueza, para que a partir de allí se generen herramientas
institucionales para multiplicar a lo largo del territorio las experiencias
positivas en el aprovechamiento de los recursos naturales y alcanzar los
niveles de bienestar que los tecnócratas promueven.
ÁNGELA MARÍA SALAZAR MANCIPE
[1] De 1973 a 1993, la población colombiana que residía en el área rural
disminuyo de 41% a 31%. En Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres, Ministerio de Agricultura,
“Mujeres Rurales en Cifras”, 1.997.
[3]
www.ecodes.org/pages/especial/mujeres_ma/lorena_aguilar.asp.
Entrevista a Lorena Aguilar, Asesora
Senior en Género de la UICN. 2007.
[4] www.un.org/spanish/conferences/Beijing/fs6.htm
[5] Llama la atención la situación de las
mujeres en Pakistán, donde ellas dependen de los hombres para vender su producción
agrícola. Ellos son su vínculo con el mercado, considerado un espacio público.
En Aguilar, 2007.